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Entradas de la Categoría ‘Entrevista’

Conversando con Lucía Calvo

Lucía Calvo es periodista y trabaja en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona a cargo de proyectos participativos y de la edición de contenidos multimedia. Acaba de publicar, junto con María Farràs, “El CCCB en la Red”  una radiografía de la presencia del CCCB en la llamada web 2.0, un documento de trabajo que establece pautas de uso y de estilo y las líneas de trabajo futuras del CCCB en el ámbito digital.


MEDIAMUSEA¿Lucía, en qué favorece el uso de las nuevas tecnologías a las instituciones culturales?

LUCÍA CALVO: Las nuevas tecnologías cambian la forma de producir, distribuir y compartir la cultura. Internet está basado en una forma de organización en red, horizontal y no jerárquica. El modelo de comunicación ahora es multidireccional. Todas estas transformaciones abren el camino hacia nuevas formas de difundir, divulgar y de aprender de la cultura, hacia niveles de participación que van mucho más allá de la visita pasiva a una institución, hacia una popularización de la cultura ─ya no son unos pocos los únicos que saben y atesoran conocimiento─, hacia la aparición de nuevos géneros y formatos culturales, etc. El reto está en que los responsables de las instituciones culturales entiendan, asimilen e integren estas transformaciones al funcionamiento y forma de ser de las organizaciones.

MM: El móvil se ha convertido en un elemento muy usado y de gran versatilidad. En los museos puede tener variadas aplicaciones, pero algunas implican que se use la cámara del teléfono. Gran parte de los museos españoles impide realizar fotografías en su interior, elemento difícil de controlar si se permitiera el uso del móvil para otras aplicaciones. Se quita esta prohibición, se obvia el uso del móvil… ¿cómo se resuelve esta situación?

LCCreo que el uso de cámaras o de teléfonos móviles dentro de las salas de exposición es algo muy difícil de controlar y cada vez lo será más. No sé qué solución es la mejor. Quizás lo más sensato es adaptarse a los nuevos tiempos y permitir realizar fotografías e utilizar cualquier tipo de gadget dentro de las instalaciones museísticas. Una de las funciones de los museos es social, que la gente vaya a visitarlos. Si la sociedad cambia pero los museos no se adaptan…

MM: Códigos bidimensionales, realidad aumentada, aplicaciones móviles, tecnología NFC… ¿es necesario apostar por todas estas novedades o puede un exceso de tecnología desvirtualizar el concepto de museo?

 LC: Yo creo que se comete el error de creer que ser innovador supone utilizar las últimas tecnologías en el museo. El cambio cultural no es tecnológico, es mental (y quizás generacional). Tener la pantalla táctil más potente del mercado en la recepción de un museo es fabuloso y seguramente atraerá más público pero ¿qué pasa con el capital humano de la organización? ¿Qué pasa si nos gastamos la mitad del presupuesto en gadgets y aplicaciones pero la organización sigue funcionando con patrones y metodologías de trabajo anacrónicas?

Es interesante aplicar novedades tecnológicas a proyectos culturales, siempre y cuando tengan sentido y se adecuen a los objetivos y contenidos del proyecto. Hay iniciativas realmente innovadoras que no tienen por qué estar ligadas a los últimos avances tecnológicos. En I+C+i del CCCB Lab  organizaron talleres de cocreación en cultura en los que se utilizó plastilina para diseñar modelos de participación 🙂

 MM: En relación al complejo tema de los derechos de propiedad intelectual en Internet, ¿cómo deben los museos compartir  su contenido?

LC: Las licencias Creative Commons pueden ser una buena fórmula para regular derechos de autor. Hay diferentes modalidades que pueden ser más o menos restrictivas con los derechos de reproducción y distribución. No soy experta en el tema pero la práctica demuestra que los contenidos culturales acaban circulando en Internet a pesar de las restricciones legales. Si sabes que alguien acabará colgando en Youtube una conferencia que ha grabado con el móvil ¿no es mejor para el autor de la conferencia y para el público en general que la institución cultural la facilite en buena calidad y bajo una licencia que deje claros cuáles son los límites de uso y reproducción?

MM:  ¿Actualmente, cómo debe ser y qué ha de tener la web de un museo?

LC: Me gustan las webs de museos vivas, cambiantes, que muestran la actividad diaria, los contenidos más nuevos. También aquellos sitios que están pensados para el disfrute del usuario. Muchas webs corporativas están diseñadas desde dentro hacia fuera, de nosotros a ellos. Importa más quiénes somos y qué hacemos que facilitar una navegación usable y entretenida al visitante virtual.

Poco a poco las webs de instituciones culturales se van adaptando más y mejor al usuario pero cuesta mucho cambiar porque la mayoría ─sobretodo las instituciones públicas─ externalizan servicios como la programación, el diseño o la actualización de contenidos.

Es complicado trabajar de forma ágil y plantear cualquier cambio en la web. Los museos renuevan sus versiones de la web cada X tiempo y entre tanto, cuesta mucho tocar nada. Son webs escaparate. Yo creo que esto ocurre porque posiblemente muchas instituciones todavía no se han dado cuenta del valor estratégico de la web. Solo hay que comparar cuántos recursos económicos, técnicos y humanos se dedican a la conservación y mantenimiento de una instalación cultural (espacio físico) y los que se dedican a su sitio web (espacio virtual). Trabajar con equipos internos transversales que incluyan expertos en programación web, diseño y contenidos facilitaría tener una web siempre a punto.

MM: El fenómeno de las redes sociales está penetrando con repentina fuerza en los museos, ¿cuál es la importancia que verdaderamente tiene?, ¿crees que es imprescindible usar estas redes o son un elementos accesorio producto de una moda pasajera?

LC: Mantener y actualizar periódicamente servicios 2.0 como Facebook o Twitter ─los más utilizados─ puede ser útil en el ámbito de la comunicación y la difusión de la actividad o de la colección de un museo. También permite un diálogo más directo con los usuarios. En el CCCB utilizamos mucho Twitter como herramienta para compartir información y aprender de las comunidades de usuarios especializadas en temas de nuestra programación (@cececebe para temas de agenda cultural, @cccblab para investigación e innovación, @cccbeducacio para la comunidad docente y educativa, @kosmopolis_CCCB para literatura o @publicspaceCCCB para el debate sobre espacio público y urbanismo).  Twitter es una de nuestras herramientas preferidas porque en el centro pasan muchas cosas cada día, nos relacionamos con mucha gente y Twitter se convierte en lugar de encuentro tanto para narrar nuestro día a día como para escuchar lo que dicen los usuarios sobre los temas que nos interesan.

Ahora bien, no creo que Twitter y Facebook sean imprescindibles. Puedes no estar en Facebook ni en Twitter y tener una buena estrategia de comunicación, llegar al público que te interesa. Me parece una moda ─y quizás un problema─ la excesiva fe que se tiene en las bondades de las redes sociales. Son herramientas de comunicación, útiles según el caso. Creer que porque estamos en Facebook o Twitter hemos mejorado nuestra comunicación y difusión puede ser engañoso. Las instituciones seguimos produciendo mucho papel, nuestros datos y contenidos suelen ser de difícil acceso o estar sujetos a restricciones legales y la participación a través de Facebook y Twitter es limitada. Creo que debemos aspirar a proyectos culturales más abiertos y participativos, que van más allá del hecho de tener un community manager que nos mantenga al día en Facebook y Twitter. Internet es muy grande 🙂

 MM: Se ha hablado mucho de quién o quiénes deben administrar y dinamizar las redes sociales de un museo y cuál es el perfil ideal que ha de tener. En tú opinión, ¿qué modelo consideras el más adecuado para un centro cultural?

LC: Creo que si utilizamos herramientas 2.0 habitualmente, es interesante tener en plantilla una persona (o varias en función del número de herramientas y proyectos 2.0 que gestionemos) formada en comunicación digital, que conozca a fondo el funcionamiento de Internet y de las comunidades de usuarios, que nos llevan ventaja en todo este mundo.  Un buen dominio del lenguaje, las normas de netiqueta y los géneros y formatos de Internet también es útil. Ahora bien, las nuevas tecnologías y el uso de Internet (y no sólo de Twitter y Facebook) implican nuevas formas de crear y compartir la cultura y el conocimiento y creo que esto es algo que sí que han de aprender y aplicar a su forma de trabajar todas las personas que forman parte de la organización y no solo el/la responsable de redes sociales.

Decir qué modelo es mejor es difícil porque cada institución es un mundo. Hay instituciones muy jerárquicas donde imagino que debe ser una odisea intentar ser “2.0” y otras que son muy pequeñas que no pueden ni permitirse contratar una persona con un perfil de comunicación digital. Lo que sí que es interesante es que los responsables de las instituciones se planteen qué quieren ser en Internet y en función de eso, destinen los recursos humanos y económicos necesarios.

MM:Por último, ¿qué hay que hacer para que la comunicación con NNTT sea efectiva, útil y ayude a conectar realmente con el público?

LC: Ser honesto y transparente es fundamental. En Internet nos encontramos en igualdad de condiciones con nuestros interlocutores por lo que intentar “vender motos” es muy complicado o directamente no funciona. Si queremos propiciar una cultura más abierta y participativa, es importante que diseñemos bien los procesos de participación con usuarios y dejemos claro desde el principio qué queremos y qué esperamos de la gente y de qué manera pueden contribuir y beneficiarse del proyecto. En el CCCB hemos trabajado en ese sentido con iniciativas como “Brangulí estuvo aquí. ¿Y tú?” o la exposición “Pantalla Global

¡Muchas gracias Lucía por tus respuestas!

Conversando con… Óscar Menéndez

Hoy conversamos con Óscar Menéndez. Divulgador científico con más de veinte años de carrera, ha sido colaborador habitual de prácticamente todos lo medios especializados en la información científica y tecnológica. Está especializado en la realización de exposiciones interactivas de divulgación y ha colaborado con los grandes museos de ciencia españoles. Presenta además el programa de debate A2 en Indagando TV y ha escrito libros como “¿Están seguros de que hace millones de años éramos simios?” y Bajo la estirpe de Hypatia“.

Mediamusea: ¿Óscar, qué posibilidades ofrecen hoy los nuevos medios a la hora de divulgar la ciencia?

Óscar Menéndez: Los nuevos medios permiten que divulgar ciencia sea ahora mil veces más fácil de lo que ha sido nunca. Ahora bien, la dificultad para que esos nuevos medios obtengan beneficios se ha convertido en un problema. A ello se suma que los medios convencionales están inmersos en una grave crisis, por lo que ahora nos encontramos con la paradoja de que comunicar es más fácil que nunca pero ganar dinero con ello parece cada vez más difícil.

MM: Los museos de ciencia se han caracterizado por ser los museos más abiertos y participativos, sin embargo les ha costado más entrar en redes sociales que otros museos más tradicionales, ¿a qué crees que se ha debido?

OM: Los museos de ciencia sin colecciones necesitaban de la tecnología. Querían contar cosas, pero no tenían piezas con que hacerlo y la tecnología se convirtió en una aliada perfecta para ello. Es curioso lo que dices, porque los museos de ciencia han dado mayoritariamente la espalda a las redes sociales, de eso no cabe duda. Por otra parte, es vergonzosa la precariedad por la que pasan la mayoría de los centros de divulgación en toda España. Al debacle económico de los museos de ciencia se ha unido la cerrazón: muchos museos de ciencia tienen o al menos tenían censuradas las redes sociales dentro de sus centros. Las administraciones públicas todavía creen Facebook o Twitter son herramientas para perder el tiempo.

MM: ¿Qué consideras que busca el público cuando conecta con una institución científica a través de redes sociales?

OM: El público busca comunicación pero por general sólo encuentra información. Las redes sirven para dar información y también para recibirla, y esa interactividad es su principal fuerza. Pero muchas instituciones científicas sólo han visto la primera parte: utilizan las redes para contar cosas, pero están sordas para recibir lo que sus visitantes piensan de ellas.

MM: ¿Cómo crees que deben gestionarse los perfiles sociales de un museo y quién o quiénes deben encargarse de ello?

OM: Mi empresa, entre otras áreas de negocio, ofrece gestionar redes sociales. Aun a riesgo de tirar piedras contra el propio tejado de Explora Proyectos, creo que es mejor la solución de que las redes estén gestionadas por alguien de dentro, principalmente del departamento de comunicación. Pero puede salirles más rentable contratar a alguien externo. Esto vale para un museo y también para una revista, un centro de investigación o cualquier empresa. Además, creo que la situación idílica pasaría por un centro con un buen equipo de comunicación con experiencia en redes rodeado de un personal del museo que las utilice. Provocar la inmersión de todo el personal en las redes, desde el recepcionista a la dirección, pasando por los monitores, puede crear una experiencia de comunicación que roce la perfección. Aunque creo que este nirvana comunicativo todavía no se ha alcanzado en ningún centro, al menos de nuestro país.

MM: Códigos bidimensionales, realidad aumentada, aplicaciones móviles… ¿elementos necesarios o accesorios?

OM: Hoy por hoy no creo que se pueda decir que son estrictamente necesarios. Pero tampoco se podrían considerar como accesorios. Son herramientas muy útiles. Aunque no podemos olvidarnos de su coste: mientras los códigos bidimensional son tan baratos que es imprescindible recomendar su uso, las otras dos herramientas que mencionas, la realidad aumentada y las aplicaciones, son más caras y en su caso la utilización tendría que realizarse dentro de una economía de escala.

MM: En la museografía de una exposición, ¿qué papel juegan los medios tecnológicos?

OM: Los museos de ciencia tienen la obligación de hacer sentir, de convertirse en auténticas experiencias. Si buscas eso, es inevitable utilizar medios tecnológicos que lo permitan. Una simple aplicación táctil permite dar mucha más información que decenas de paneles convencionales, pero no hay que quedarse en eso. Podemos crear máquinas que interactúen con el visitante de mil maneras, desde el simple plano visual hasta la parte más sensitiva, que incluye sonido, olores, etc.

MM: ¿Se puede trabajar en innovación en época de crisis y en un momento como el actual en el que hay grandes recortes?

OM: Es difícil, muy difícil. Estamos en un momento de pura supervivencia, pero también es época para aguzar el ingenio y estar preparado para lo que vendrá.

MM: Por último, ¿qué hay que hacer para conseguir una comunicación efectiva con el público a través de Internet?

OM: La comunicación exige dos partes, un emisor y un receptor. Pensar que puedes estar en internet sólo para contar cosas implica que te pierdes la parte más interesante de la red. Muchas personas e instituciones todavía no se han dado cuenta, como decía antes, de que la principal ventaja de la red 2.0 es que podemos escuchar. La palabra principal es, por lo tanto, escuchar, tanto a nuestros clientes, usuarios o visitantes como a nuestros colegas. Y aprender de ello.

¡Muchas gracias por tus respuestas, Óscar!

Conversando con… Pilar Gonzalo

Empezamos “Conversando con…” hablando  con Pilar Gonzalo.

Pilar está especializada en comunicación cultural y en estrategias de facilitación 2.0 para organizaciones y comunidades online. En la actualidad trabaja en el Departamento de Comunicación del Museo Reina Sofía. Además, escribe sobre social good, captación de fondos y marketing online en el tercer sector para la revista Compromiso empresarial y es profesora de postgrado en la Universidad Europea de Madrid.

MEDIAMUSEA: ¿Pilar, en qué favorece el uso de las nuevas tecnologías a las instituciones culturales?

PILAR GONZALO: El uso de las nuevas tecnologías puede favorecer no sólo a las instituciones culturales, sino a cualquier organización que trabaje con y para las personas. El acceso a la cultura para las personas es una meta fundamental que toda organización cultural ha de tener como prioridad, pero indudablemente este objetivo se ha de plantear de manera meditada y sostenible. En las estrategias y las acciones es donde se encuentra el acierto o error de determinadas elecciones tecnológicas ya que la tecnología no tiene por qué necesariamente ayudar por sí misma, sino que ha de estar integrada como elemento facilitador y potenciador de un proyecto.

Por otra parte, las nuevas tecnologías han de suponer un apoyo fundamental para la incorporación de las personas discapacitadas a las organizaciones culturales, no sólo como usuarios, sino como empleados. Desafortunadamente todavía hay muy pocos ejemplos de esto. En esta línea el Museo Reina Sofía acaba de firmar un convenio con Fundación Once que abrirá una interesante vía de integración.

MM: ¿Actualmente, cómo debe ser y qué ha de tener la web de un museo?

PG: Depende del museo, pues su página web ha de ser su propia naturaleza extendida al entorno online. Con esto también quiero decir que una web debería ser mucho más que una “versión digital” de lo que los museos ponen en los folletos. En mi opinión se trata de otro espacio más para la creación, la información, la participación y el debate.

Además, y llevando las cosas al purismo, considero que a las alturas que estamos el concepto de “página web” es un tanto obsoleto, frente a una apertura de datos de calidad y flexibles distribuidos en red. Es un hecho que la gente no acude a la “página” entrando a través de “la portada” y siguiendo un orden “lógico” en su recorrido. El modo habitual para llegar a los contenidos online es acceder a la información a través de buscadores o de las herramientas de sindicación. Pero como los museos trabajan (deberían) para todo tipo de públicos, conviene tener una referencia que aglutine de forma organizada la información y que constituya un punto de referencia para quienes necesitan un lugar “oficial” en Internet.

Dicho esto, sí que hay unas pautas mínimas a tener en cuenta: indexación, usabilidad, flexibilidad, open-data y –fundamental– comunicación dirigida al usuario, a los distintos tipos de usuarios. Esto elimina el discurso único y obliga a los museos a crear contenidos y recorridos adaptados a la diversidad de públicos a la que deben atender.

MM El fenómeno de las redes sociales está penetrando con repentina fuerza en los museos, ¿cuál es la importancia que verdaderamente tiene?, ¿crees que es imprescindible usar estas redes o son un elementos accesorio producto de una moda pasajera?

PGNi lo uno, ni lo otro. Nada es imprescindible y pese a que España es un país de modas, lo que tampoco se puede hacer es mirar hacia otro lado sin, al menos, ser conscientes de que los sistemas de comunicación, intercambio y conocimiento; unidos a las expectativas de los usuarios de los museos, han cambiado sin vuelta atrás.

Pero las redes sociales son una acción más de las posibles estrategias de los museos. Considero que lo que verdaderamente hace social a un museo es conocer y respetar a su público proporcionándole los servicios que necesita. Personalmente me dice mucho más del carácter social e integrador de un museo su capacidad para compartir sus estados de cuentas en Internet, los resultados de sus auditorías o los correos electrónicos de los miembros de su plantilla; por no hablar de si tienen (los menos) un plan estratégico que se comprometan a cumplir. En este sentido considero que el Museo Artium de Vitoria es ejemplar entre los museos españoles.

 MM  Se ha hablado mucho de quién o quiénes deben administrar y dinamizar las redes sociales de un museo y cuál es el perfil ideal que ha que tener. En tú opinión, ¿qué modelo consideras el más adecuado para un centro cultural?

PG: Me encanta que preguntes por un “modelo”, en lugar de por un “perfil profesional”, pues precisamente se trata de eso: de un modelo de trabajo colaborativo y de información distribuida en el que se involucren personas de distintas áreas. Lo contrario sería designar una especie de “medium” que se vería en la imposible tesitura de tener que interpretar a toda la organización, en directo, para el conjunto de usuarios.

Una metodología acertada pasaría por unificar criterios de comunicación y gestión entre distintas personas de los distintos equipos; en trabajar con coherencia, equilibrio y relevancia en las distintas plataformas; y en atender a los usuarios con diligencia y calidad. Por supuesto que este trabajo no lo puede hacer cualquiera, pues se requiere de unas mínimas habilidades para comunicarse y relacionarse con las personas, además de capacidad para comprender la organización desde dentro sin ensimismarse en su organización interna; sin embargo, esto no significa que no son habilidades que no se puedan adquirir. También es imprescindible tener vocación de servicio y gusto por el trabajo directo con las personas, además de una importante dosis de generosidad. Si no te gusta la gente, definitivamente esto no es lo tuyo.

MM: Códigos bidimensionales, realidad aumentada, aplicaciones móviles, tecnología NFC… ¿es necesario apostar por todas estas novedades o puede un exceso de tecnología desvirtualizar el concepto de museo?

PG: En absoluto desvirtualiza el museo, porque la tecnología es sólo un medio y como tal, además cambia. Los fines del museo puede que no tengan porqué hacerlo, o sí, pero ese es otro debate. Para las organizaciones culturales la parte más ingrata de la tecnología es su mantenimiento, tanto en términos de hardware como de contenidos y atención a los usuarios. Los museos (sus presupuestos, sus plantillas, sus infraestructuras) dan de sí hasta un límite y no hay que rasgarse las vestiduras por no llegar a implantar todas las novedades tecnológicas. Lo que sin embargo sí es importantísimo es no abrir canales de comunicación y líneas de trabajo que luego no se va a poder atender adecuadamente. Mi recomendación en este sentido es que los museos se embarquen para navegar, no para ahogarse.

Por otra parte, otra de las dimensiones de la tecnología en los museos es en su aplicación en la visita física. De los sistemas tradicionales de audio-guías a las descargas es los dispositivos móviles de los usuarios, por lo general los sistemas tecnológicos in situ están todavía muy poco desarrollados y son muy intrusivos en relación a la experiencia del visitante. He visto algunos prototipos interesantes basados en detección por movimiento, pero todavía queda mucho por hacer en este sentido.

MM: El móvil se ha convertido en un elemento muy usado y de gran versatilidad. En los museos puede tener variadas aplicaciones, pero algunas implican que se use la cámara del teléfono. Gran parte de los museos españoles impide realizar fotografías en su interior, elemento difícil de controlar si se permitiera el uso del móvil para otras aplicaciones. Se quita esta prohibición, se obvia el uso del móvil… ¿cómo se resuelve esta situación? 

PG: Efectivamente, en los museos se producen situaciones absurdas que obedecen a criterios basados en realidades obsoletas. Este asunto fue contemplado en el documento “Derechos del usuario de los museos y centros de arte”  elaborado por el Instituto de Arte Contemporáneo y en el que tuve la oportunidad de trabajar junto con Juan Antonio Ramírez. Indudablemente, los museos han de velar por la conservación de las obras de arte y la correcta experiencia en la visita, pero al margen de medidas enfocadas a estos objetivos el resto debería ser responsabilidad de los usuarios. Por eso yo soy partidaria de que los visitantes puedan realizar fotos sin flash de todo aquello que quieran. Esto incluye la posibilidad de que realicen fotografías a obras cuyos derechos de explotación no se encuentran en dominio público. El uso que posteriormente le den a estas fotos, puede ajustarse o no a la legalidad vigente, y en función de eso deberá ser la actuación de la justicia. Lo que los museos no deberían hacer es adoptar medidas que restrinjan los derechos de copia privada y demás usos contemplados en la Ley de propiedad intelectual.

La base conceptual de este problema es el riesgo implícito de la visita pública en relación a la responsabilidad de los museos como custodios y mediadores de las obras. Pero lo que hay que hacer con los riesgos es gestionarlos. Si no, lo más seguro para cualquier museo sería prohibir totalmente las visitas y esto, obviamente, es un absurdo. Un ejemplo de lo absurda que puede llegar a ser esta actitud paranoica frente a los visitantes como elementos peligrosos y potenciales delincuentes es que se deja entrar a los visitantes con calzado y sin embargo no se podría evitar que un trastornado lanzara un zapato al Guernica. Los museos deben gestionar los riesgos mientras acogen a los visitantes. Es una cuestión de equilibrio.

MM En relación al complejo tema de los derechos de propiedad intelectual en Internet, ¿cómo deben los museos compartir  su contenido?

PG: Deben hacerlo ajustándose a la normativa vigente en cada país y no nos queda otra. Otra cosa es que las leyes –como la Ley de propiedad intelectual– necesiten revisión, que los ciudadanos tengamos derecho a que se nos escuche y que las entidades de gestión de derechos de explotación tengan que tener tarifas, criterios y sistemas de gestión adecuados a los tiempos que corren. Como trabajadora de un museo de titularidad estatal encuentro absurda la situación de que tengamos que pagar derechos de explotación de las obras de nuestra colección siendo como somos una organización pública de función educativa y cultural y además sin ánimo de lucro mientras que cualquier medio de comunicación –con ánimo de lucro– sí puede difundir imágenes de nuestra colección sin solicitar permisos ni efectuar pagos, acogiéndose simplemente al derecho a la información. Indudablemente, la situación actual es abusiva y necesita revisión urgente.

Por otra parte tampoco puedo dejar de manifestar mi absoluto apoyo a los autores en su derecho a gestionar y cobrar por la explotación de sus obras. De la misma forma que cualquier trabajador o empresa cobra por sus servicios, las creaciones son objeto de cobro y su derecho lo ejercen sus autores. En cualquier caso, e insisto, es la regulación de ese derecho la que necesita una urgente actualización.

MM:  Por último, ¿qué hay que hacer para que la comunicación con NNTT sea efectiva, útil y ayude a conectar realmente con el público?

PG: Esta es una pregunta muy amplia, pero lo resumiría en que necesariamente hay que conocer al público y tener una verdadera voluntad en conectar con él. Suele ocurrir que se achaca la responsabilidad de los resultados a las herramientas y no a las políticas de actuación. Pese a las limitaciones que siempre puede haber, ahora más que nunca gracias a las herramientas 2.0, querer es poder.

¡Muchas gracias por tu participación, Pilar!

Conversando con…

Mediamusea inaugura una nueva sección “Conversando con…“, un espacio en el que diferentes profesionales de los museos aportarán su visión acerca del uso de las nuevas tecnologías en las instituciones culturales.

“Conversando con…” mostrará las ideas de distintos especialistas en nuevos medios sobre la situación actual en la que nos encontramos y las opciones que los museos tienen a su alcance. El objetivo es recopilar diferentes opiniones personales sobre unos mismos conceptos y crear un material que ayude a la reflexión.

A partir de la próxima semana podremos ir conociendo a distintos especialistas, museólogos y profesionales de las nuevas tecnologías , y descubriendo diversas consideraciones sobre temas de actualidad.

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